Ilustrado por Júlia Sardà y David Rosel.
Cuantos más alimentos produce la agricultura industrial, más pobreza y hambre se contabiliza; centradas todas las informaciones en la crisis financiera, la crisis climática y ecológica [disimulando] avanza peligrosamente; el endeudamiento de los países ricos y la deuda externa ya son iguales eliminando derechos sociales de la población; la discriminación hacia las mujeres, hacia el medio rural, hacia los pueblos indígenas en lugar de corregirse parece multiplicarse; y hasta la naturaleza con sus terremotos parece (pero no es cierto) discriminar a unos países frente a otros. No podemos lavarnos las manos.
Son muchas más las injusticias que podríamos enumerar. Por eso no podemos cerrar la boca y tenemos que retomar nuestro derecho a la protesta y a la participación política, como algunos de los personajes de estos cuentos que luchan con su boina o con sus gritos, y con lenguajes recién concebidos.
|