La enorme diversidad mundial, regional y étnica del llamado “medio rural” obliga a considerar en su análisis las particularidades socioeconómicas propias de cada ámbito geográfico.
No es lo mismo hablar del medio rural en las zonas de alta montaña de Chiapas, en México, donde predomina la actividad agrícola-ganadera de pequeña escala, casi de subsistencia, y desarrollada en su mayor parte por campesinos y campesinas indígenas, que del medio rural de la Región de Murcia, en España, donde las actividades industriales y de servicios van ganando terreno a la agricultura y la ganadería, predominantes tiempo atrás.
Pero independientemente del país, región, características geográficas, socioeconómicas o tipo de actividad principal, las relaciones de género y su interacción con el factor trabajo inciden de una forma muy similar en los ámbitos estudiados, poniendo de manifiesto hasta qué punto lo que pueden parecer procesos específicos de una región o país determinado son, en gran medida, procesos mundiales donde la ideología sobre género y trabajo juega un papel fundamental. Y es que en el medio rural, el género y las relaciones de género han influido y siguen haciéndolo de una forma peculiar sobre la vida de las mujeres y de los hombres que lo conforman.
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